Malo, malísimo

Sí, es un clásico del retrato, parecer malo. Ser malo vende. Las pelis ‘comerciales’ sin un malo malísimo serían insulsas y un pelín aburridas, no?. La arruga, la cara de duro, la sombra exagerada, la cicatriz bien remarcada y otros tópicos de la fotografía de malos forman parte del ‘no se me ocurre qué hacer’ y como el que posa se cree el rey del mambo, aprovecho y me marco una imitación de Tony Soprano o un Resplandor jajaj.

Pues bien, esta vez, lo juro, fue sin quererlo. Tenía una panda de amigos celebrando la despedida de uno de nosotros que se va (otro más) al extranjero para buscarse la vida. Había alcohol y un par de Cohibas de los buenos. Y voilà, retrato hecho al canto. Además, puedo corroborar con más fotos que de lo que iba mi sesión era de fotografiarnos a todos con un traje eclesiástico que regalamos al homenajeado y cara de me gustan los niños (perdón para el que se ofenda, la hemeroteca está llena de casos). Pero llegó el malo, una mezcla de Luis Tosar y Luca Brasi, mi colega Jorge, y en dos segundos nos marcamos esta foto. Dos segundos hacerla y algo más para retocarla, claro xD.

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6 Respuestas a “Malo, malísimo

  1. Los malos siempre tienen un punto irresistible, si resultan creíbles (en caso contrario pueden parecer patéticos). Tu colega da el tipo, y el procesado ayuda, para qué lo vamos a negar. :)

    Jota.

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